Detalle Refineria de Cobre de PotrerillosPiensa en la ciudad en la que creciste. Puede que sea una ciudad más o menos grande, digamos de más de 100.000 habitantes. Así es que mejor, enfoca tus recuerdos en la parte de la ciudad que te tocó conocer más a fondo. Las calles que fueron tus calles, el consultorio en que te atendía tu doctor, la escuela en la que te enseñaron a leer y escribir, tu cancha de fútbol del barrio, tus vecinos del barrio… Montón de gentes por todos lados y aunque unos vivan más lejos que otros al final hay un sentido de comunidad cuando esos rostros familiares se cruzan con tu mirada día a día a distintas horas del día.
De pronto algo pasa. Resulta que la ciudad no es tuya ni de tus vecinos. Es de la Compañía que financia y administra la refinería de cobre alrededor de la cual surge y se desarrolla toda la actividad productiva y comercial de la ciudad. No es que la Compañía haya comprado la ciudad, es que la ciudad siempre fue de la Compañía y nada más. Eso lo sabían tus padres y tus mayores, pero tú no tenías para qué saberlo.
Y eso que de pronto pasa sigue pasando. El mineral se agotó, no es eficiente mantener la planta de personal de la refinería, comienzan los despidos. Si despiden a tu papá tienen que devolver la casa en que has vivido: comienza la emigración forzada.
Detengámonos. Claro que no todo el mundo trabaja directamente en la refinería. Hay gentes que trabajan en empresas de servicios asociadas a la planta. También hay gentes que trabajan en sus propios negocios vendiendo bienes de consumo y servicios a los vecinos de la ciudad.
Volvamos. Menos personal de planta. Menos dinero en las calles. En general los vecinos dicen “no importa, algo se podrá hacer… mal que mal hemos vivido toda la vida aquí… y cómo va a ser que entre tanta gente no salga algo”.
Pero continúa pasando. Hay que despoblar toda la ciudad. Los niveles de contaminación ambiental que genera la refinería de cobre son absolutamente nocivos para la población. En todo caso, mientras hubo trazas de cobre de baja ley qué refinar eso no importó, aunque la planta se ubica a pocos pasos de la escuela, a pocos pasos de la iglesia, a pocos pasos de la vida de todas esas personas.
Y un día la resistencia no pudo más y tu familia, contigo y con tus vecinos y con toda la gente se fueron de tu ciudad. Y la Compañía se quedó allí en la ciudad que era suya, desmantelando por aquí y por allá y dejando que la erosión de un desierto precordillerano se la fuera comiendo de a poco.
¿Te puedes imaginar qué emociones y sentimientos te agobiarían si de pronto alguien que viene de muy lejos te dice que la ciudad en la que tu familia y tus vecinos tuvieron una vida, ya no está? Así se sienten los que vivieron en Potrerillos.

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