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“@ras_silva: La vida es ahora para todo lo demás esta mastercard.”//Sólo tengo tarjeta “la polar”. Cagué?

Esta semana nuevamente los ricos y famosos hacen noticia. Otra vez con las trampas que hizo una turba de delincuentes para no perder su posición en el mercado de capitales. ¿Cómo fue a suceder esto?

El origen está en la prehistoria de La Polar. Cuando llegó el momento de dar el gran salto a la expansión y dejar de ser un par de tiendas en el centro de Santiago, la compañía decidió instalarse en los segmentos socioeconómicos medios-medios bajos, los que hasta entonces no eran foco de interés para las empresas que controlaban el retail de esos años (Falabella y Ripley). En consecuencia, la compañía hizo funcionar una imagen corporativa y una estrategia comercial que la posicionó como una tienda cercana, del barrio, de la pobla, en la que las vendedoras eran las mismas chicas que veo en mi calle, bajitas-morenas-con-cuarto-año-medio-rendido, en la que la extralinda tía Pancha por fin iba a encontrar esa blusa que siempre quizo y qué mejor: con tarjeta de crédito para la dueña de casa. Buena.

Después: la expansión territorial, el crecimiento económico, las acciones en la bolsa, el ingreso al selecto grupo de las empresas afepeables -aquellas pocas en las que la ley les permite a las AFPs jugar a las máquinas con el dinero de los trabajadores-… Y ¡oups! las metas, los indicadores, los resultados.

En la bolsa la única manera de mantenerse y crecer es en función del tamaño y la rentabilidad de la cartera de clientes. La compañia se abrió a dar crédito a personas a quienes por sus antecedentes comerciales, no se les daba crédito en ninguna otra parte. Lo ejecutivos hicieron la lectura de que tendrían mejor conducta de pago que otros segmetos, pero el Chile Precario dijo otra cosa. ¿Qué hacer entonces con una cartera plagada de clientes mosoros(as)?

La chispa y la picardía del Pedro Urdemales que todos llevamos dentro dió con la respuesta. Hacer repactaciones truchas, inflar la deuda: una magia en los libros contables para cumplir con las exigencias del Directorio. Resultado, un escándalo que amenaza al país con una crisis subprime a la chilena y que pone en tela de juicio la confianza como valor máximo en que se basa toda transacción en el mercado.

Hoy día asistimos a un festival al aire libre de desgarro de vestiduras. Todos se desenmarcan de este delito con corbata en seda italiana y colleras de oro. El Directorio de La Polar, inocentes palomas con una solución que “beneficia” a los que no han pagado nada; la plata de los que pecaron de buena gente y pagaron (?), topón pa´dentro. Los Piñera amenazando con las penas del infierno y diciendo que esto es la obra de la Concertación -si hasta el mismo Franco Parisi no siendo del gobierno, pero sí siendo de derecha salió  a la cancha diciendo que la culpa es de la Cooncertación que siempre le tuvo miedo a regular el mercado financiero ¡cómo si la gente de derecha fuesen los talibanes de las regulaciones al mercado!-. Del otro lado, soluciones innovadoras: Superintendencias Ad-Hoc y ya.

La Sofofa, calladita no más. Los monarcas del Icare saben que la cosa se puede poner bastante negra. Endurecimiento de los procedimientos de fiscalización -de hecho, ya se ha comenzado a criticar el conflicto de intereses que tienen las consultoras de auditorias con sus empresas mandantes/auditadas-; o la migración masiva de clientes. Por ahora la caída en los precios de las acciones solo ha afectado al retail; la desconfianza podría extenderse a otros sectores.

De momento el riesgo más claro está en tres planos interconectados. El primero es que los inversores de la bolsa desconocen mucha información del caso La Polar que es clave en el juego de la compra-venta de acciones -lo que falta por saber recién se despejará al cabo de 3 meses, en un escenario auspicioso-. En el intertanto las acciones del retail en general continuarán en su volatilidad (para este lunes se espera que las acciones de La Polar sean transadas a un valor inferior a los $400). Podría llegar a acurrir que la compañia caiga definitivamente y arrastre a su banco; en cuyo caso, se abren los otros dos planos. El efecto dominó sobre otras empresas financieras y la cola de deudores con protesto vigente en el boletín comercial por varios años -una situación que ya vimos en el caso de la caída de Tiendas Michaely, en el cual me consta que hasta el año pasado todavía había microempresarios tratando de limpiar sus antecedentes y es probable que todavía los haya-.

¿Y el Chile Precario? Bajo el stress de la deuda, descubre que está cooperando otra vez. Se enoja y se queda esperando a ver qué pasa con la judialización de la deuda. Pero no se articula en las redes sociales, no sale a la calle. Como que con la Patagonia sin Represas y la Crisis de la Educación en Chile ya hubieramos tenido suficiente, pero no. No se trata de eso. En Chile la democracia y la educación son más convocantes que otros temas. Nadie va a salir a la calle para que le limpien el Dicom Full… Pero cuidado, esta pasada no les va a salir gratis. El escándalo de La Polar deja una persepción tal en la población que profundiza la sensación de descontento y la desconfianza hacia las instituciones que han estado siendo monitoreadas por la CPC y la Conferencia Episcopal, el segundo piso de La Moneda y todos los otros.

Para el Chile Precario ser víctima de La Polar le significa no poder acceder a las líneas de crédito que permitan comprar lo que falta para la sobrevida o para hacer andar los negocios. El crecimiento material de los chilenos de a pie descansa en la capacidad de endeudarnos. Si se nos priva de ella todo se hace cuesta arriba o derechamente es una sentencia de muerte para la estabilidad familiar.

Más allá de las etapas y apelaciones que tengan los tribunales de justicia para este caso es de esperarse que se implemente una solución definitiva lo antes posible. Los monarcas ya tienen una certeza: son más de 400.000 personas que hoy no existen para el mercado de capitales. Hay que reintegrarlas al comercio, pero ya.

Una locura. Apagar una parte del descontento que recorre nuestras calles con la recuperación de la capacidad de endeudamiento porque así crece Chile. La trajedia está en que es así también como se nos inmoviliza, con tres, seis o doce cuotas precio contado, sin intereses, tú elijes.

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